Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) afectan cada vez a un número mayor de adolescentes. Especialmente a quienes cursan los primeros años de la educación secundaria. Frente a esta realidad, se han diseñado diversas intervenciones enfocadas en la prevención; entre ellas, el programa ZARIMA, capaz de trabajar diversos aspectos vinculados con los TCA. A continuación, revisaremos sus fundamentos, implicancias y alcance, así como su pertinencia para el contexto educativo uruguayo.

Adolescencia temprana: Vulnerabilidad y desarrollo

prevención y TCA, programa zarima

Dicho momento evolutivo reúne múltiples factores de riesgo para los TCA. En particular, los cambios puberales transforman la relación con el cuerpo y la imagen corporal, en un contexto en el que los jóvenes deben aceptar e integrar dichas modificaciones a una identidad que se encuentra en plena construcción.

A su vez, la creciente exposición a figuras idealizadas en redes sociales y la intensa búsqueda de aceptación y pertenencia en el grupo de pares facilitan la adopción de prácticas orientadas a modificar la apariencia de acuerdo con los estándares de belleza vigentes.

Por si fuera poco, en esta etapa también se observa un aumento de conductas de riesgo. Particularmente, debido a la búsqueda de novedades, el deseo de autonomía y la maduración aún parcial de los sistemas cerebrales que regulan la toma de decisiones. Si ponemos el foco específicamente en la alimentación, dichas características podrían expresarse en ingestas irregulares.

Transformaciones neurobiológicas: Una ventana de oportunidad

La adolescencia temprana coincide con una reorganización cerebral profunda, específicamente en la corteza prefrontal. Paralelamente, la neuroplasticidad alcanza niveles elevados, facilitando la adquisición de nuevos hábitos y la reformulación de creencias. Si bien estos cambios vuelven a los adolescentes más sensibles a desarrollar un TCA, también los hacen más receptivos a intervenciones educativas y de prevención.

Ahora bien, ¿cómo surge un trastorno alimentario?

Tales cuadros se caracterizan por una alteración persistente en los hábitos alimentarios, en la percepción del cuerpo y en las emociones asociadas a la comida y al peso, afectando significativamente el funcionamiento y la salud.

En lo que respecta a su etiopatogenia, es múltiple y compleja. Para ilustrar, intervienen factores genéticos, socioculturales, psicológicos, nutricionales, hormonales y neuroquímicos que podrán actuar como predisponentes, desencadenantes o mantenedores del cuadro.

Una mirada que va más allá de cada diagnóstico

Resulta interesante poder entender qué es un TCA a partir de uno de los enfoques explicativos más influyentes. El modelo transdiagnóstico de Fairburn identifica procesos comunes en el mantenimiento de distintos cuadros alimentarios, como la sobrevaloración del peso y la figura, el perfeccionismo clínico, las dificultades en la regulación emocional, los problemas interpersonales y la baja autoestima núcleo. Además, ayuda a entender por qué comúnmente se pasa de un diagnóstico de TCA a otro.

El perfeccionismo clínico se manifiesta en estándares inalcanzables y en una autoevaluación centrada en el rendimiento, mientras que la baja autoestima núcleo refuerza el recurso a la apariencia y al control alimentario como fuente de valía interna. A ello se suman dificultades emocionales y conflictos interpersonales que suelen dar lugar a conductas desadaptativas orientadas a obtener alivio momentáneo.

En conjunto, tales procesos aumentan la vulnerabilidad a dietas extremas y la insatisfacción corporal, por lo que resulta indispensable abordarlos en toda estrategia de prevención de TCA.

El aula como territorio clave

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En este escenario, el ámbito escolar adquiere un papel central. Las instituciones educativas concentran buena parte de la vida social y emocional de los adolescentes.

Tanto es así, que las intervenciones escolares resultan esenciales para abordar tempranamente los factores de riesgo vinculados con la imagen corporal y la autoestima, lo que justifica la implementación de programas como ZARIMA.

¿Cómo se estructura?

Desarrollado por el Gobierno de Aragón, ZARIMA busca reducir el riesgo y la incidencia de los TCA mediante un abordaje de prevención escolar. Se estructura en cinco sesiones presenciales de dos horas y se completa con un encuentro para familias, permitiendo coordinar las estrategias educativas y reforzar los mensajes preventivos en el hogar.

Además, fomenta la participación activa del alumnado entero, facilitando la apropiación de los contenidos y generando un espacio seguro para expresar dudas o experiencias. Dicho enfoque se alinea con tendencias internacionales que priorizan el desarrollo de competencias emocionales y cognitivas, además de la simple transmisión de información.

Bases conceptuales de la intervención

El programa ZARIMA se apoya en evidencia que vincula autoestima, satisfacción corporal, habilidades sociales y conocimientos nutricionales con el riesgo de desarrollar estos cuadros. Reconoce que el malestar surge en interacción con presiones socioculturales, comparaciones sociales y creencias personales, por lo que se deben abordar simultáneamente estos niveles. Su objetivo es transformar, además de los comportamientos, las interpretaciones que los sostienen, teniendo un impacto sobre el desarrollo general del adolescente.

Pero… ¿Cómo lo logra?

A través de dinámicas grupales, actividades reflexivas, la intervención desarma creencias predominantes, promueve la aceptación corporal y facilita el desarrollo de recursos protectores. Por ejemplo, aborda elementos del perfeccionismo clínico mediante ejercicios que promueven la flexibilidad cognitiva, el pensamiento crítico y una autoevaluación menos rígida. Paralelamente, también fomenta habilidades sociales y estrategias de regulación emocional, reforzando el sentido de agencia del alumnado y su capacidad para manejar situaciones de presión y comparación social.

Pertinencia para la población uruguaya

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La implementación de dicho programa de prevención de TCA ofrece la posibilidad de evaluar su adaptación a un entorno que comparte el mismo idioma. Igualmente, el país presenta particularidades en hábitos alimentarios, dinámicas familiares y funcionamiento escolar que podrían potenciar o limitar la recepción de los contenidos trabajados.

No obstante, su enfoque comprensivo facilita esta adaptación si se incorporan referentes culturales locales y si se ajustan los materiales o dinámicas. Entonces, para asegurar su impacto, es necesario formar a los equipos docentes y promover la participación activa de las familias.

Potenciales beneficios y desafíos

Las posibles mejoras incluyen aumentos en la autoestima, mayor conocimiento nutricional, reducción de comportamientos de riesgo y fortalecimiento del pensamiento crítico. Estos efectos podrían sostenerse si existe continuidad educativa, seguimiento institucional y apoyo familiar.

Finalmente, entre los desafíos se encuentran la necesidad de capacitar a docentes, adaptar materiales a la cultura local y asegurar tiempo curricular suficiente para su aplicación. También es fundamental evaluar su impacto mediante diseños rigurosos que permitan verificar si los efectos observados se mantienen a largo plazo en el contexto uruguayo.

Conclusión

Para resumir, la adolescencia temprana es un momento en el que la identidad se redefine y el cuerpo adquiere un significado emocional profundo. En ese marco, la prevención de los TCA requiere mucho más que transmitir información: implica acompañar a los jóvenes en la construcción de miradas más flexibles, realistas y compasivas hacia sí mismos. El programa ZARIMA avanza en esa dirección, integrando componentes emocionales, cognitivos y sociales que aumentan la comprensión y el cuidado del propio cuerpo.

Llevar este enfoque a la población uruguaya demanda reflexión y adaptación, pero también abre una oportunidad significativa para fortalecer políticas educativas y estrategias de salud mental. ¿Qué transformaciones podrían lograrse si la prevención formara parte estructural de las escuelas? ¿Qué impacto tendría acompañar a los adolescentes desde una perspectiva más inclusiva y protectora? Responder estas preguntas es parte de un desafío mayor: construir entornos que favorezcan el bienestar, la aceptación corporal y la posibilidad de crecer con menos presión y más pertenencia.

Referencias bibliográfica

  • Ballesteros, A. (2025). Estudio de los efectos de una intervención basada en el programa preventivo de trastornos de la conducta alimentaria “ZARIMA” en la adolescencia temprana en contexto escolar en Uruguay [Trabajo final de grado, Universidad de la República, Facultad de Psicología].